sábado, 26 de junio de 2021
Tacones, tanates y temeridad.
sábado, 2 de enero de 2021
Los poliamores te dan la opción de no conformarte con un único sabor de pastel
Mi cómplice.
¿Qué tal pasaste las celebraciones decembrinas? ¿Le jugaste al valiente yendo a las posadas o te portaste bien en la comodidad de tu cuarto mientras veías xvideos a todo volumen? ¿Cómo te fue en la navidad sin la tía chingaquedito que siempre dice que ya estás grande para vivir con tus papás? ¿El aguinaldo te alcanzó para pagar tus deudas o te aferras a seguir en Buró de Crédito?
Aunque parezca lo contrario, deseo que estés bien y que los tuyos sigan vivos, sanos y con trabajo. Según entiendo es lo mejor que se le puede desear en estos tiempos de covidiotas.
Antes de cerrar el año, hice algunas llamadas por teléfono para saludar y ponerme al día con personas que durante la pandemia no he visto. En una de estas charlas, mi amigo André me comentó que estaba preguntándose lo que implica el poliamor y si estaba listo para entrar ese mundo.
Sin pensar mucho en mi respuesta, le dije que no podía estar hablando en serio puesto que el cambia de opinión como debería cambiarse de calzones. Sin embargo, su reacción de ofendido me hizo considerar su pregunta como algo serio y le externé mi visión del tema.
Le advertí que no era experto, pero que si habia algunas ideas pululando por ahí sobre la vida en estos términos.
Primero, el fenómeno que se conoce como poliamor debe ser siempre expresado en plural. De lo contrario se estaría usando un concepto contradictorio en sí mismo. Para dejarlo más claro, se viven poliamores, de lo contrario únicamente se vive un amor.
Segundo, muchas personas pueden sentir algún tipo de nostalgia por las relaciones que no pudieron cultivar por arrancar otra. Los poliamores sería el mecanismo emocional para darle continuidad a relaciones amorosas del pasado sin tener que ponerlas en pausa o terminarlas por una nueva persona que llega a escena.
Mediante los poliamores una persona puede hacer coexistir un amor del pasado con un amor del presente, y simultáneamente administrarlos hasta que llegue un nuevo amor en el futuro. En cierta medida, los poliamores pueden echar abajo el famoso "hubiera" que está asociado con la esperanza de estar mejor con alguien del pasado o con alguien del futuro.
Tercero, los poliamores te dan la opción de no conformarte con un único sabor de pastel. Existe la posibilidad, sin culpa o engaño, de saborear varias opciones de amor a la vez. Como resultado de ello, se cancela la consecuencia inmediata de las relaciones monógamas: al elegir a uno renuncias a todos los demás.
Una vida entre poliamores permite llenar ese 1% que no te da el "chosen one" con el 99% de todos esos otros elegidos. Aunque este estilo de vida no implica ser el dueño de alguna persona.
Los poliamorosos debe aprender a romper con las creencias aprendidas y enraizadas sobre que una relación te hace propietario y el usuario exclusivo de la lealtad, la fidelidad y la amistad de tu pareja. Así, le decimos adiós a siglos de creer que amar es también una forma de propiedad.
Cuarto, los poliamores no evitan que se terminen las relaciones, pero permite que el amor residual coexista con los amores futuros. Muchas personas con corazones abandonados "tienen que aprender" a superar sus pérdidas para poder iniciar una relación y así "no hacerle sombra" con viejos recuerdos.
No obstante, cuando amas por múltiplos aprendes que las historias pasadas van contigo, se quedan contigo y te definen. Igualmente, esos amores de antaño no te impiden salir a cualquier cafetería a conseguir otro príncipe azul para la colección de la repisa.
Las relaciones pueden ir o venir, pero los amores quedarse sin hacerse daño incluso nutriendo la existencia. Esto no aplica si la persona en cuestión es la representación en vida de la tóxica chica de Two and half men: "Rose."
Finalmente, estar disponible para poliamores es un acto de egoísmo porque es reconocer ante tú mismo y ante los demás que "yo soy mucho para que sólo una persona me quiera y para querer a una sola persona." Este tipo de honestidad haría de los poliamorosos personas difíciles para tratar, pero al mismo tiempo más fáciles de conocer (y un poco predecibles) en comparación con quienes firman exclusividad en cada one--night-stand.
Mi compinché espero no haberte roto el corazón por un nuevo nivel de promiscuidad (emocional). Sin embargo, quédate en paz porque la prueba de VIH y la de COVID19 volvieron a salir negativas.
Sin pena seguiré el beat de Juan Luis Londoño cuando dice que "si con otro pasas el rato, vamos a ser feliz, vamos a ser feliz; felices los 4. Te agrandamos el cuarto."
Ícaro
lunes, 19 de octubre de 2020
Las canas me hacen sabio, sexy y sinvergüenza
Mi querido cómplice:
Hace un par de días cumplí años.
Un evento mítico para todos los que creemos que los aniversarios son un punto de
referencia para cotejar la lista de expectativas con los logros alcanzado durante
el tiempo que le toma a la tierra darle otra vuelta al sol.
Te comparto que he decido incluir
otros rubros en la autoevaluación anual que obsesivamente hago a mediados de
octubre. También dejé de lado las rabietas de infante por no llegar a ser el modelo tecnócrata con el que sueño desde que entré a mi amenazada Facultad.
Quiero acotar que voy a ver el
vaso a la mitad porque el optimismo está sobrevalorado y decir que todo va mal porque
no concreto metas viejas es ser injusto conmigo mismo.
Iniciemos.
Primero, celebré modestamente con mis tres grandes amores: mi madre, mi travieso sobrino y mi grosso amore. Por tanto, puedo decir con orgullo que en mi vida hay amor; puro, honesto y desinteresado amor.
Segundo, no será mi trabajo ideal y tampoco he hecho mucho para convertirlo en tal. No obstante, tengo un salario digno ejerciendo eso que llaman Ciencia Política. Y si consideramos que hay empresarios y médicos como choferes de Uber y narcotraficantes como actores de televisión y políticos, no voy a minimizar el éxito de ganarme estos centavos con un trabajo ético, responsable y profesional.
Tercero, la lista de proyectos sigue sin incrementándose e incluso veo lejano alcanzar algunos sueños ahí registrados. Pero con calma, hoy tengo paz y dicha para reír a carcajadas con mi monstruo maricón; disfruto, aunque me canse por la panza, el educar a mi sobrino, y; voy paso a paso con eso de regresar a talla 38.
Más de una vez me quejé (a veces justificadamente) porque nací pobre, gordo y moreno. Con esta mano de naipes me toco jugar y en infinidad de ocasiones estuve en clara desventaja para lograr algo en el mundo al que salgo todos los días. Pero pocas veces agradecí por lo bueno, lo sabroso y lo divertido que esas condiciones sazonaron mi vida. Porque sin empachos puedo decirles que una orden de pescuezos rostizados de pollo con salsa valentina está más sabrosa que unos canapés de caviar negro importado con mantequilla de primera.
No es que haya cambiado de parecer o que yo niegue que aspiro a ser el siguiente intelectual orgánico que gane para México otro Nobel en Literatura, sino que aprendí a valorar con quilates esos nuevos momentos que estoy viviendo en el tercer piso.
Voy a conceder que la edad me está pegando bien; que vivo con una inesperada plenitud, y; que las canas me hacen sabio, sexy y sinvergüenza. ¿Será que el risco es tan fuerte como grande para encarar la tormenta de la vida?
Compinche, es tiempo de parar porque hay que seguir con la mina de sal digital gracias a la cual se paga el internet, los tacos y la coca sin azúcar.
Vamos con ritmo "arrasando con lo bueno; desechando todo lo malo. No hay oscuridad que cubra esta luz que en mi deslumbra."
Ícaro
sábado, 18 de julio de 2020
Un juego donde siempre se pierde
Han sido muchos meses sin saber de ti. ¿Cómo has estado? ¿Cómo te trata la pandemia? ¿Has estado a salvo de esta enfermedad? ¿Cargas tu gel, guantes y cubrebocas a todos lados?
En los últimos días he sentido algo extraño. Bueno más de lo normal.
A pesar de la relativa paz que hay en mi vida consecuencia de decisiones prudentes (como cuidar de mi madre, apadrinar a mi sobrino, amar a Jurgen o cuidar mi trabajo), tengo la sensación se que no hago lo correcto.
Siento que mi madre sigue inconforme con la vida que le puedo dar; veo en los ojos de mi sobrino el dolor del abandono de sus padres y su ansia por tener una familia como las que ve en la TV; escucho las quejas injustificadas de mi gordo, y; me siento nuevamente que mi talento es desperdiciado en tarjetas de coyuntura política y reportes del INEGI.
Pero estoy haciendo lo correcto ¿no? Por un lado, le doy una mesada a mi mamá para sus gastos y cubro el pago de los servicios de su pequeña casa. Por el otro, cuidando no sobregirar la tarjeta, atiendo las necesidades materiales de mi sobrino al tiempo que paso varias horas jugando con él y charlando de su nueva caricatura favorita.
En el terreno de pareja, le doy todo lo que quiere Jurgen, lo cual es un gran paquete que incluye sin limitarse a sabrosos platillos cocinados por mí, me encargo de nuestra madriguera y de buena fe le ofrezco todo mi cariño y admiración.
Dentro y fuera de la oficina, me comportó con profesionalismo: entrego buenos productos, no contradigo decisiones por aspiraciones políticas y soy reservado con los temas de los que me entero.
Se que en los cuatro campos de batalla el saldo es positivo. En cada visita, mi mamá me recibe con una gran sonrisa y mi sobrino me abraza con intensidad al verme; cada 5 minutos, mi gordito me mira con tremendo amor, y; cada quincena mi pago llega sin contratiempos ni excusas.
Sin embargo, siento que el éxito no llega y no llegará. A pesar de la gran y positiva motivación con la que hago las cosas, tengo la sensación de que la vida no me está jugando a favor. Cada día me convenzo de que este es un juego donde siempre se pierde.
Siento que en cada jugada pierdo terreno y mis conquistas son menos ciertas.
Mi madre se hace cada vez más anciana y se desilusiona más de su hijo homosexual, a pesar de que intento recordarle que si soy un buen hombre es por su ejemplo.
Mi sobrino crece y cada día veo un poco más de desilusión en sus ojos porque su familia no se soporta para estar en la misma habitación.
Mi voz es cada vez menos escuchada, a pesar de que Jurgen dice que me está oyendo con atención y que soy su devoción.
Y a veces siento que no voy a pasar de hacer tarjetas y resolver tareas administrativas en un oficina decadente.
Me preguntó: ¿la vida es así, me enfrento a un bache o soy un pesimista consumado? Por miedo a equivocarme responderé con timidez un sí a las tres preguntas. De esta forma me compro tiempo y me permito comerme otro pedazo de pan de dulce.
Te tengo que dejar mi cómplice, porque los trastes no se lavan solos. Finjamos que cae el agua como acompañamiento de la ex-gorda Adele y cantemos juntos: "I wish I could live a little more, look up to the sky, not just the floor. I feel like my life is flashing by and all I can do is watch and cry."
Ícaro
viernes, 27 de marzo de 2020
Cuentos de puteria
Espero que estés bien. ¿Cómo vas con este calor seco? ¿No odias este efecto invernadero que congoja la Chilangolandia? ¿Ya has tomado una ducha con agua fría para quitarte el calo'?
Por mucho tiempo quise tener un tema para escribir. Por ratos pensé que el estudio de la política sería mi zona de expertise, sin embargo mi falta de talento matemático lo hizo imposible.
Otras veces pensé que podría ser un poeta del siglo XXI, pero mi desconocimiento de Bennedeti y Lord Byron me volvió a poner en la indefinición.
Esto cambio cuando al encontrarme a mí mismo como un cínico maricón, también encontré un tema sobre el cual podría escribir. Mediante los textos buscaba darle respuesta a muchos de mis preguntas internas que sin saberlo había sido las preguntas que en algún momento también se ha hecho otros miembros del equipo rosa. Mi versión sobre lo que era ser puto se convirtió en la camino para redactar varias decenas de paginas con risas, lagrimas y una que otra satisfacción.
Estoy contento de que mis cuentos de puteria sean punto de arranque y reflexión para quienes pasan por este blog y para quienes como yo (obsesos, petulantes y de piel canela) buscan darle sentido a su existencia con los mismos cánones que la vida le impone a los mortales: cómo encontrar el amor, el éxito y el sexo.
Si bien recurro a la ficción para darle uno que otro retoque a cada anécdota; espero que mi lector sepa que cuando se refiere a epístolas como ésta: la verdad es mucho peor que cualquier acto de imaginación.
Debo aceptar que yo mismo me sonrojo cuando releo esas líneas donde me describo con mucha sensualidad aunque rebaso los 120 kilogramos; seguido me sorprendo de haber "dicho en voz alta" muchos de esos deseos reprimidos que se ocultan en mi cabeza; y me siento muy orgulloso cuando con picardía le cuento al mundo lo mucho que amo a ese gordito de ojos color chocolate.
Sin dejo de vanidad o ambición monetaria, espero que mis palabras trasciendan y reconforten a quien lo necesite como a mí cuando las lagrimas, la frustración y la ansiedad me han dominado. E igualmente me honraría que alguno o alguna me dedique una que otra manuela como consecuencia de enterarse de mis andanzas en esos hoteles misteriosos del centro con obesos desconocidos extraídos de Growlr o U4Bear.
Bien dicen por ahí que when I walk in the spot, this is what I see. (And) everybody stops and they staring at me; I got passion in my pants and I ain't afraid to show it ('cause) I'm sexy and I know it.
Alejandro
jueves, 26 de marzo de 2020
¿Mi obesidad sí será un problema?
¿Qué tal te ido? ¿Guardas la respectiva cuarentena? ¿Has tenido que ir a trabajar? ¿Cómo se siente el ambiente en tus rumbos?
No quiero ser un egománico, pero pareciera que cada día más personas se preocupan porque mi panza, que ya rebasa los 100 centímetros, y sigue creciendo.
Hoy, con la cuarentena por el COVID-19, toda esa gente, incluyendo a mi jefe y a mi mamá, se cuestionan si no tengo terror a morir por ser población en riesgo, ya sabes por eso de que las personas obesas tienen mayor probabilidad de ganarse la lotería del SARS-COV2.
Ya lo he dicho más de una vez, las proporciones de mi cuerpo nunca han estado por debajo de la media. Es más, actualmente, estoy más de 30 kilogramos sobre lo tolerado para un hombre de mi edad. Sin embargo, verme gordo no me genera conflicto, pero si lo dicen los demás debería preocuparme, ¿no?
A diferencia de muchas personas con mi nivel de sobrepeso, yo camino mucho, tomo una cantidad abundante de agua y claro tengo una actitud de realizar las cosas yo mismo: barrer debajo de la mesa, agacharme por un lápiz que está en un rincón estrecho o andar por horas en el centro de la ciudad para conseguir la brillantina especial del regalo del día de las madres. Pero parece que eso no suficiente para palear los efectos de mi creciente masa corporal.
No me molesta tener una zona exclusiva en las tiendas departamentales para escoger entre 5 diferentes combinaciones de ropa la que será mi no original colección de temporada. No obstante, tener problemas para amarrarme los cordones de los zapatos, no poder estar parado por largos períodos de tiempo, o sudar por pequeños esfuerzos me parece incomodo.
Estas eventualidades, así como el latente discurso sobre la importancia del cuerpo sano (el cuerpo delgado) me han llevado a pensar si estoy en un error. En mi cabeza me ronda la idea de si mi obesidad si será un problema: una situación con trágico final y que me amenaza taco con taco que me llevo a la boca.
Tengo la convicción de ser una persona de talla grande, pues me gusta verme gordito buena onda, aunque dicen no siempre soy así. Pero me pregunto qué pasará en el largo plazo me conservo en talla 40 de cintura, en "XXL side" para saco y si tengo que evitar las cinturones de marcas genéricas que sólo llegan al 38 slim fit.
Es momento de sentarme frente al espejo y preguntarme si lo que veo es la única alternativa para ser yo mismo.
Por mientras tararearé a los Keane quienes decían que "So little time: try to understand that I'm; trying to make a move just to stay in the game; I try to stay awake and remember my name. But everybody's changing and I don't feel the same.
Alejandro
jueves, 9 de enero de 2020
Perdido en el mapa
¿Cómo estás mi bien? ¿Qué tal las fiestas navideñas? ¿Mucho pavo, alcohol y momentos de ocio? Espero que tus días descanso hayan sido reparadores.
Desde hace días, mi cabeza dejo de tener conexión con el resto de mi cuerpo. Sólo puedo pensar en que me falta algo, que perdí algo; aunque a veces creo que nunca lo tuve.
La ansiedad regresó y me siento perdido en el mapa aunque el trazo es claro para decirme donde estoy: aferrado al mismo punto, sin avanzar e ignorando los caminos que hay. Me siento atrapado en un mar de palabras huecas, de personas indiferentes y sentimientos apócrifos, aunque yo mismo me puse esta jaula dorada.
Sé que la última vez que hablamos te dije que iba a empezar a pensar en mí. Sin embargo, como es mi costumbre, empece a pensar en todos antes que en el gordo de 120 kilogramos que veo todos los días frente al espejo. Me deje para después.
De nuevo lo hice: fui al centro comercial pensando que el aguinaldo, el tiempo y el amor alcanzarían para regalarme un poco después de darle a todos los demás lo que me exigen. Pero regresé sin un mugroso peso, completamente agotado y sintiéndome absolutamente solo.
Ahora, como soy adicto a hacerlo, me siento como la taza rota pegada con cola y arrumbada en la alacena: usado para sacar del apuro, despreciado por caerme a pedazos y relegado por quien prefiere a las otras opciones con las que se me compara.
Bueno, es suficiente de autocompasión, vayas a creer que estás leyendo a un hombre más pusilánime de lo que ya soy. Me recostaré un momento en el sillón de la oficina al tiempo que tarareo a la Minnelli: "¡All the odds are in my favor; something's bound to begin. It's got to happen, happen sometime. Maybe this time.. maybe this time, I'll win!"
Alejandro
sábado, 30 de noviembre de 2019
Repeticiones innecesarias
Estoy agotado, aunque he dormido más tiempo.
Hace unos momentos tuve una fricción extraña producto de los heridas a las que insistimos en quitarle las costras. No han sido buenos momentos, sin embargo ya no tengo otra cosa que hacer que esperar y llorar lo que tenga que llorar.
Estoy cansando y hace un poco de frío. Me voy a la cama, descansa mi amigo.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Con fugas aún sirve este florero
Buenos días. ¿Cómo va el cambio de clima? ¿Ya desempolvaste las chamarras para nieve que innecesariamente usas en la Ciudad de México cuando la temperatura ronda los diez grados celsius? ¿Listo para un frío invierno en soledad?
Cada día se ha vuelto más difícil que el anterior, será que cada vez siento mi corazón más roto. No importa bien las etapas de proceso, el resultado es el mismo: me siento destrozado, en pedazos y sin mucha energía.
Últimamente regrese a rezar, y no lo hago por mí. Me considero un condenado por mis actos. Lo hago por él. Rezo porque la tormenta que es su mente paré y encuentre paz. No puedo hacer otra cosa.
Siempre pensé que era exagerado cuando en poemas y cartas de amor, los autores hablaban de pasar en vela toda la noche. Pero, ahora que me ha tocado pelar los ojos por horas sin conciliar el sueño me he dado cuenta que mi peor enemigo es mi propia mente.
Incluso este texto no es más que un grito de ayuda de quien desesperadamente pide que lo abracen, que lo protejan y le cuiden el sueño por el resto de su vida.
Cuando pienso en una solución al momento que vivo, no puedo dejar de pensar en esa idea mediocre de ser una ave a la que no le enseñaron a volar y que a traspiés ha logrado levantar el vuelo por grandes distancias. Y tuerzo los ojos al recordar todas la veces que tenido que ofrecer una falsa reverencia a quienes amablemente me dicen que soy un ejemplo para quien con más hace mucho menos que yo.
Me molesta tener que justificar la desventaja que vivo todos los días. Me parece ridículo tener que asumir una actitud tibia y autoconvencerme de que con fugas aún sirve este florero. Estoy hastiado de tener que arreglar lazos afectivos de personas con los mismos problemas emocionales que los míos. No es un oficio que me genere mucho orgullo.
A diario, me toca decidir entre lo que es lo correcto (cuidar una madre, cuidar un hijo, cuidar un trabajo, cuidar una casa, cuidar una amistad, etcétera) y lo que mi mente me pide: pensar por y para mí mismo. Antes de ponerme los lentes y levantarme de la cama, me toca cumplir una promesa en lugar de pensar en cubrir mis necesidades.
Quisiera sólo un día, porque no me doy permiso de otra cosa, de amar y ser amado como lo demando. Sólo un día en el que él regresara y no hubiera culpas ni disgustos.
Sólo quiero que me carguen mis baterías si tengo que seguir con esta autoinflijida naturaleza.
Te dejo mi querido amigo porque me toca seguir vendiendo mi talento al mejor postor a cambio de tener otros cinco minutos de internet y frustración.
Ícaro