sábado, 18 de julio de 2020

Un juego donde siempre se pierde

Querido cómplice:

Han sido muchos meses sin saber de ti. ¿Cómo has estado? ¿Cómo te trata la pandemia? ¿Has estado a salvo de esta enfermedad? ¿Cargas tu gel, guantes y cubrebocas a todos lados?

En los últimos días he sentido algo extraño. Bueno más de lo normal.

A pesar de la relativa paz que hay en mi vida consecuencia de decisiones prudentes (como cuidar de mi madre, apadrinar a mi sobrino, amar a Jurgen o cuidar mi trabajo), tengo la sensación se que no hago lo correcto.

Siento que mi madre sigue inconforme con la vida que le puedo dar; veo en los ojos de mi sobrino el dolor del abandono de sus padres y su ansia por tener una familia como las que ve en la TV; escucho las quejas injustificadas de mi gordo, y; me siento nuevamente que mi talento es desperdiciado en tarjetas de coyuntura política y reportes del INEGI.

Pero estoy haciendo lo correcto ¿no? Por un lado, le doy una mesada a mi mamá para sus gastos y cubro el pago de los servicios de su pequeña casa. Por el otro, cuidando no sobregirar la tarjeta, atiendo las necesidades materiales de mi sobrino al tiempo que paso varias horas jugando con él y charlando de su nueva caricatura favorita.

En el terreno de pareja, le doy todo lo que quiere Jurgen, lo cual es un gran paquete que incluye sin limitarse a sabrosos platillos cocinados por mí, me encargo de nuestra madriguera y de buena fe le ofrezco todo mi cariño y admiración.

Dentro y fuera de la oficina, me comportó con profesionalismo: entrego buenos productos, no contradigo decisiones por aspiraciones políticas y soy reservado con los temas de los que me entero.

Se que en los cuatro campos de batalla el saldo es positivo. En cada visita, mi mamá me recibe con una gran sonrisa y mi sobrino me abraza con intensidad al verme; cada 5 minutos,  mi gordito me mira con tremendo amor, y; cada quincena mi pago llega sin contratiempos ni excusas.

Sin embargo, siento que el éxito no llega y no llegará. A pesar de la gran y positiva motivación con la que hago las cosas, tengo la sensación de que la vida no me está jugando a favor. Cada día me convenzo de que este es un juego donde siempre se pierde.

Siento que en cada jugada pierdo terreno y mis conquistas son menos ciertas.

Mi madre se hace cada vez más anciana y se desilusiona más de su hijo homosexual, a pesar de que intento recordarle que si soy un buen hombre es por su ejemplo.

Mi sobrino crece y cada día veo un poco más de desilusión en sus ojos porque su familia no se soporta para estar en la misma habitación.

Mi voz es cada vez menos escuchada, a pesar de que Jurgen dice que me está oyendo con atención y que soy su devoción.

Y a veces siento que no voy a pasar de hacer tarjetas y resolver tareas administrativas en un oficina decadente.

Me preguntó: ¿la vida es así, me enfrento a un bache o soy un pesimista consumado? Por miedo a equivocarme responderé con timidez un sí a las tres preguntas. De esta forma me compro tiempo y me permito comerme otro pedazo de pan de dulce. 

Te tengo que dejar mi cómplice, porque los trastes no se lavan solos. Finjamos que cae el agua como acompañamiento de la ex-gorda Adele y cantemos juntos: "I wish I could live a little more, look up to the sky, not just the floor. I feel like my life is flashing by and all I can do is watch and cry."

Ícaro


viernes, 27 de marzo de 2020

Cuentos de puteria

Mi cómplice:

Espero que estés bien. ¿Cómo vas con este calor seco? ¿No odias este efecto invernadero que congoja la Chilangolandia? ¿Ya has tomado una ducha con agua fría para quitarte el calo'?

Por mucho tiempo quise tener un tema para escribir. Por ratos pensé que el estudio de la política sería mi zona de expertise, sin embargo mi falta de talento matemático lo hizo imposible.

Otras veces pensé que podría ser un poeta del siglo XXI, pero mi desconocimiento de Bennedeti y Lord Byron  me volvió a poner en la indefinición.

Esto cambio cuando al encontrarme a mí mismo como un cínico maricón, también encontré un tema sobre el cual podría escribir. Mediante los textos buscaba darle respuesta a muchos de mis preguntas internas que sin saberlo había sido las preguntas que en algún momento también se ha hecho otros miembros del equipo rosa. Mi versión sobre lo que era ser puto se convirtió en la camino para redactar varias decenas de paginas con risas, lagrimas y una que otra satisfacción.

Estoy contento de que mis cuentos de puteria sean punto de arranque y reflexión para quienes pasan por este blog y para quienes como yo (obsesos, petulantes y de piel canela) buscan darle sentido a su existencia con los mismos cánones que la vida le impone a los mortales: cómo encontrar el amor, el éxito y el sexo.

Si bien recurro a la ficción para darle uno que otro retoque a cada anécdota; espero que mi lector sepa que cuando se refiere a epístolas como ésta: la verdad es mucho peor que cualquier acto de imaginación.

Debo aceptar que yo mismo me sonrojo cuando releo esas líneas donde me describo con mucha sensualidad aunque rebaso los 120 kilogramos; seguido me sorprendo de haber "dicho en voz alta" muchos de esos deseos reprimidos que se ocultan en mi cabeza; y me siento muy orgulloso cuando con picardía le cuento al  mundo lo mucho que amo a ese gordito de ojos color chocolate.

Sin dejo de vanidad o ambición monetaria, espero que mis palabras trasciendan y reconforten a quien lo necesite como a mí cuando las lagrimas, la frustración y la ansiedad me han dominado. E igualmente me honraría que alguno o alguna me dedique una que otra manuela como consecuencia de enterarse de mis andanzas en esos hoteles misteriosos del centro con obesos desconocidos extraídos de Growlr o U4Bear.

Bien dicen por ahí que when I walk in the spot, this is what I see. (And) everybody stops and they staring at me; I got passion in my pants and I ain't afraid to show it ('cause) I'm sexy and I know it.

Alejandro




jueves, 26 de marzo de 2020

¿Mi obesidad sí será un problema?

Querido cómplice:

¿Qué tal te ido? ¿Guardas la respectiva cuarentena? ¿Has tenido que ir a trabajar? ¿Cómo se siente el ambiente en tus rumbos?

No quiero ser un egománico, pero pareciera que cada día más personas se preocupan porque mi panza, que ya rebasa los 100 centímetros, y sigue creciendo.

Hoy, con la cuarentena por el COVID-19, toda esa gente, incluyendo a mi jefe y a mi mamá, se cuestionan si no tengo terror a morir por ser población en riesgo, ya sabes por eso de que las personas obesas tienen mayor probabilidad de ganarse la lotería del SARS-COV2.

Ya lo he dicho más de una vez, las proporciones de mi cuerpo nunca han estado por debajo de la media. Es más, actualmente, estoy más de 30 kilogramos sobre lo tolerado para un hombre de mi edad. Sin embargo, verme gordo no me genera conflicto, pero si lo dicen los demás debería preocuparme, ¿no?

A diferencia de muchas personas con mi nivel de sobrepeso, yo camino mucho, tomo una cantidad abundante de agua y claro tengo una actitud de realizar las cosas yo mismo: barrer debajo de la mesa, agacharme por un lápiz que está en un rincón estrecho o andar por horas en el centro de la ciudad para conseguir la brillantina especial del regalo del día de las madres. Pero parece que eso no suficiente para palear los efectos de mi creciente masa corporal. 

No me molesta tener una zona exclusiva en las tiendas departamentales para escoger entre 5 diferentes combinaciones de ropa la que será mi no original colección de temporada. No obstante, tener problemas para amarrarme los cordones de los zapatos, no poder estar parado por largos períodos de tiempo, o sudar por pequeños esfuerzos me parece incomodo.

Estas eventualidades, así como el latente discurso sobre la importancia del cuerpo sano (el cuerpo delgado) me han llevado a pensar si estoy en un error. En mi cabeza me ronda la idea de si mi obesidad si será un problema: una situación con trágico final y que me amenaza taco con taco que me llevo a la boca.

Tengo la convicción de ser una persona de talla grande, pues me gusta verme gordito buena onda, aunque dicen no siempre soy así. Pero me pregunto qué pasará en el largo plazo me conservo en talla 40 de cintura, en "XXL side" para saco y si tengo que evitar las cinturones de marcas genéricas que sólo llegan al 38 slim fit.

Es momento de sentarme frente al espejo y preguntarme si lo que veo es la única alternativa para ser yo mismo.

Por mientras tararearé a los Keane quienes decían que "So little time: try to understand that I'm; trying to make a move just to stay in the game; I try to stay awake and remember my name. But everybody's changing and I don't feel the same.

Alejandro   

jueves, 9 de enero de 2020

Perdido en el mapa

Querido cómplice:

¿Cómo estás mi bien? ¿Qué tal las fiestas navideñas? ¿Mucho pavo, alcohol y momentos de ocio? Espero que tus días descanso hayan sido reparadores.

Desde hace días, mi cabeza dejo de tener conexión con el resto de mi cuerpo. Sólo puedo pensar en que me falta algo, que perdí algo; aunque a veces creo que nunca lo tuve.

La ansiedad regresó y me siento perdido en el mapa aunque el trazo es claro para decirme donde estoy: aferrado al mismo punto, sin avanzar e ignorando los caminos que hay. Me siento atrapado en un mar de palabras huecas, de personas indiferentes y sentimientos apócrifos, aunque yo mismo me puse esta jaula dorada.

Sé que la última vez que hablamos te dije que iba a empezar a pensar en mí. Sin embargo, como es mi costumbre, empece a pensar en todos antes que en el gordo de 120 kilogramos que veo todos los días frente al espejo. Me deje para después.

De nuevo lo hice: fui al centro comercial pensando que el aguinaldo, el tiempo y el amor alcanzarían para regalarme un poco después de darle a todos los demás lo que me exigen. Pero regresé sin un mugroso peso, completamente agotado y sintiéndome absolutamente solo.

Ahora, como soy adicto a hacerlo, me siento como la taza rota pegada con cola y arrumbada en la alacena: usado para sacar del apuro, despreciado por caerme a  pedazos y relegado por quien prefiere a las otras opciones con las que se me compara.

Bueno, es suficiente de autocompasión, vayas a creer que estás leyendo a un hombre más pusilánime de lo que ya soy. Me recostaré un momento en el sillón de la oficina al tiempo que tarareo a la Minnelli: "¡All the odds are in my favor; something's bound to begin. It's got to happen, happen sometime. Maybe this time.. maybe this time, I'll win!"

Alejandro

sábado, 30 de noviembre de 2019

Repeticiones innecesarias

Querido cómplice:

Estoy agotado, aunque he dormido más tiempo.

Hace unos momentos tuve una fricción extraña producto de los heridas a las que insistimos en quitarle las costras. No han sido buenos momentos, sin embargo ya no tengo otra cosa que hacer que esperar y llorar lo que tenga que llorar.

Estoy cansando y hace un poco de frío. Me voy a la cama, descansa mi amigo.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Con fugas aún sirve este florero

Querido cómplice:

Buenos días. ¿Cómo va el cambio de clima? ¿Ya desempolvaste las chamarras para nieve que innecesariamente usas en la Ciudad de México cuando la temperatura ronda los diez grados celsius? ¿Listo para un frío invierno en soledad?

Cada día se ha vuelto más difícil que el anterior, será que cada vez siento mi corazón más roto. No importa bien las etapas de proceso, el resultado es el mismo: me siento destrozado, en pedazos y sin mucha energía.

Últimamente regrese a rezar, y no lo hago por mí. Me considero un condenado por mis actos. Lo hago por él. Rezo porque la tormenta que es su mente paré y encuentre paz. No puedo hacer otra cosa.

Siempre pensé que era exagerado cuando en poemas y cartas de amor, los autores hablaban de pasar en vela toda la noche. Pero, ahora que me ha tocado pelar los ojos por horas sin conciliar el sueño me he dado cuenta que mi peor enemigo es mi propia mente.

Incluso este texto no es más que un grito de ayuda de quien desesperadamente pide que lo abracen, que lo protejan y le cuiden el sueño por el resto de su vida.

Cuando pienso en una solución al momento que vivo, no puedo dejar de pensar en esa idea mediocre de ser una ave a la que no le enseñaron a volar y que a traspiés ha logrado levantar el vuelo por grandes distancias. Y tuerzo los ojos al recordar todas la veces que tenido que ofrecer una falsa reverencia a quienes amablemente me dicen que soy un ejemplo para quien con más hace mucho menos que yo.

Me molesta tener que justificar la desventaja que vivo todos los días. Me parece ridículo tener que asumir una actitud tibia y autoconvencerme de que con fugas aún sirve este florero. Estoy hastiado de tener que arreglar lazos afectivos de personas con los mismos problemas emocionales que los míos. No es un oficio que me genere mucho orgullo.

A diario, me toca decidir entre lo que es lo correcto (cuidar una madre, cuidar un hijo, cuidar un trabajo, cuidar una casa, cuidar una amistad, etcétera) y lo que mi mente me pide: pensar por y para mí mismo. Antes de ponerme los lentes y levantarme de la cama, me toca cumplir una promesa en lugar de pensar en cubrir mis necesidades.

Quisiera sólo un día, porque no me doy permiso de otra cosa, de amar y ser amado como lo demando. Sólo un día en el que él regresara y no hubiera culpas ni disgustos.

Sólo quiero que me carguen mis baterías si tengo que seguir con esta autoinflijida naturaleza.

Te dejo mi querido amigo porque me toca seguir vendiendo mi talento al mejor postor a cambio de tener otros cinco minutos de internet y frustración.

Ícaro






martes, 12 de noviembre de 2019

Bandera blanca

Querido Giordano:

¿Cómo estás? ¿Cómo te fue en tu presentación de esta mañana? No dudo que hayas tenido éxito y que por mucho le hayas demostrado a tus pares que tu talento es prodigioso.

Vengo hoy a decirte que ya no puedo seguir peleando. No tengo estomago ni los nervios para volver a los reclamos y malos entendidos mezclados entre cariños y lágrimas de amor. 

Ondeo esta bandera blanca para pedirte que si aún sientes algo por mí, por favor, detengamos esta masacre en contra de nuestro amor. No dudo que me quieres, por favor no dudes de mi amor. 

Es momento de dejarnos de hacer daño y pedirle a todos los malos sentimientos que se alejen. Vamos a abrazarnos un momento que duré hasta que las lágrimas se agoten y que el dolor desaparezca por completo. 

Ya no resisto estar en el campo de batalla. Por favor, voltea a ver mis ojos, tristes por lo mucho que te extraño. Por favor, concedamos a nuestras almas un minuto de paz.

Alejandro 

  


viernes, 8 de noviembre de 2019

Un botón remendado

Querido cómplice:

¿Cómo te fue en las festividades de muertos? ¿Fuiste por la calle pidiendo dulce o truco? ¿Este año tu disfraz fue el más aterrador? Espero que estés a reventar de pan de muerto y del famoso chocolate de la abuela.

Como bien sabes, me destaco por ocultarme del resto del mundo, a veces por miedo y otras más por inseguridad. Por ese motivo, durante años me esforcé por construir una armadura de simpatía y ñoñez que me hiciera agradable y me pusiera fuerza del blanco de las críticas.

Aunque, no siempre lo he logrado. Creo que a veces tenía el efecto contrario.

Los mismo años que he pasado protegiéndome, he pasado sufriendo por no sentirme amado. Por protegerme tanto años, evadí una de las preguntas más importantes de mi vida cuando por la calle veía a un hermoso gordo de grandes ojos y cara de idiota: ¿por qué quiero que me abrace ese HOMBRE?

Todos esos años, estuve huyendo de mí mismo y cuando por fin la calentura me enfrentó a la verdad, sólo aprendí a coger en lugar de a amar. Ciertamente, pasé de cama en cama sin quitarme esa sensual armadura que servía de imán de aquellos hombres de más de 100 kilogramos.

La promiscuidad me distrajo e inicie un par de relaciones que terminaron porque no me pude enseñar a amar. Y claramente no me refiero a aprender a escoger flores y puestos de tacos, o recitar canciones de Sam Smith, o a ponerme un condón texturizado. Hablo de enseñarme a ver por mi salud emocional y mental para poder desarrollar una convivencia sana con mi pareja.

Nunca le dí la importancia necesaria a aceptarme como era, las necesidades que tenía, y a comunicarme como mi corazón lo sentía. La fachada de seguridad, el buen amante y la compulsión por el orden llegaron para marcar el rumbo de mis relaciones.

Entonces, cuanto todo iba mal, cuando la armadura no alcanzaba para proteger mi alma vulnerable escapé en los brazos del primer gordo que respondiera por Whats al clásico "¿Dónde andas?"

Aunque me aseguraba que sólo necesitaba escapar ese día, la realidad es que necesitaba otra cosa: sentirme valorado, querido y respetado. Muchas veces por no romper la burbuja que amorosamente construí para Giordano, no tuve la valentía de decirle que su trato no era adecuado, que me había ofendido con sus desplantes y que todo el tiempo sentía que el mundo se venía encima, que compartiera la carga como era debido.

Me repetía a mi mismo que si lo arreglaba yo, todo podría salir bien. Me autoconvencía de que sólo se trataba de remendar cada botón, de lavar la ropa por los dos, de cocinar rápido aunque muriera de sueño y de callar cuando Giordano hacía un berrinche porque en el cine no había su sabor favorito de raspado.

Todos esos días fui yo quien hizo todo por los dos hasta que un día me lastime y lo lastime tanto que creo que nunca más podremos vernos a los ojos.

Me hacía el fuerte hasta que me hastiaba de mí mismo y salía corriendo. Dejaba de ser el caballero blanco que todas las madres quieren para su hijo homosexual para regresar a ser esa criatura sin rumbo y altamente abandonada.

Todo acabó cuando Giordano se dio cuenta, POR SEGUNDA VEZ, que mi promesa de no salir corriendo a fornicar con otros era una mentira. Le fallé al fallarme a mí mismo. Me fallé porque no supe decir a mi gordo hermoso que su actitud apestaba más que la ropa que no lavaba por perezoso, que con sexo no iba a compensar las horas que no pasaba con mi sobrino y que ignorar mis peticiones no era un hobby prolongable en el largo plazo.

No puedo negar que lo extraño, y a veces creo que también me extraña. Sin embargo, el vacío que me quedó en el corazón no se arregla con otra ronda de perlas negras en la Purí pagadas por tu tarjeta dorada.

Por eso, aunque nos amaramos, es momento de amarnos a nosotros mismos primero. (Tal vez, y sólo tal vez, si aprendemos a querernos a nosotros mismos atendiendo a nuestras almas y no a nuestros vacíos, podremos volvernos a ver a los ojos y repetirnos una vez más el juramento de amor que le hacía Mr. Big a Carrie: Siempre tuyo, siempre mío y siempre nuestro).

Hasta pronto mi amigo y recuerda el mantra de R. Andre Charles: if you can't love yourself, how in the hell you gonna love somebody else?

Alejandro


Si hay que seguir cuesta arriba


Querido Alejandro:

¿Cómo estás? Si mal no recuerdo has estado llorando, sufriendo por las heridas que te hiciste y por las chingaderas que le hiciste al hombre de tu vida. Las cosas no pueden estar peor, pero tu solito te las provocaste.

Es momento de que dejes de sentirte mal porque tu vida es un sinsentido. Aprende a darle sentido tu mismo, haz que cada momento sea valioso para ti y para los que amas, y deja de preguntarte por qué la carga es muy pesada.

No te voy a decir si Giordano regresó, ni te voy a decir si aprendiste a vivir sin él. Pero si te voy a decir que no puedes dejar que tu vida se te escape de las manos sólo por uno de los miles de errores que cometiste.

Ya es suficiente. Sí lo amaste y lo amas, no hay discusión. Sí te amó, siéntete afortunado. 

Si Giordano sigue con su vida sin ti, bendícelo. Si te espera la soledad, recuerda que el apapacho también es para uno mismo. Y si hay que seguir cuesta arriba, entonces toma impulso para que nada te detenga. 

Ahora es momento de que levantes la cabeza, disimula ese mal semblante y demuestrate que, aunque con pies de barro, eres ese coloso capaz de enfrentar el mundo, que tienes otra sonrisa que dar y que tu corazón sigues siendo bondadoso.

Y como diría Sam Smith: I'm not a saint, I'm more of a sinner; I don't wanna lose, but I fear for the winners; When I try to explain, the words run away; That's why I am stood here today and I'm gonna pray.

Un Alejandro, roto y que se ama a sí mismo.






domingo, 3 de noviembre de 2019

Ni orden ni dirección

Querido cómplice:

Te escribo al filo de la media noche porque no puedo dormir. Mi cabeza es una maraña de hilos enredados que cuando intento soltar se tuercen más.

Tengo pavor, mucho pavor, pero no puedo hacer nada. Mis errores tuvieron consecuencias y a Giordano mis te amo le sobran, aunque son lo que más anhela.

No sé a donde voy. No tengo ni orden ni dirección. Soy como esos barcos que su capitán peca de inexperiencia y poca preparación para la vida (en alta mar).

Me voy a cubrir los ojos para fingir que no me he equivocado y tal vez así despierte de este sueño macabro que provoque al abrirme la bragueta en lugar de decir que estaba frustrado.

Alejandro