viernes, 10 de junio de 2022

Fue un error conocerte

 Mi amado:

Mi dolor me ciega, me ensordece y me ataranta. Por ello no puedo desear que estés bien. Sin embargo, espero que sigas tu vida como la soñabas. 

He tenido un pésimo día. No dejo añorar tenerte entre mis brazos, no dejo de fantasear con mirarte a los ojos y no dejo de esperar el olfatear tu aroma. 

Me siento un perdedor porque daría lo que fuera por tener un momento tu amor; me siento un hombre mediocre por creer que puedo seguir amando; me siento un fracasado por desear que mi presente sea a tu lado. 

Voy a sucumbir por un segundo y voy a gritar por toda la Avenida de los Insurgentes que te amo, que eres mi amigo, mi cómplice, mi amante. Voy a retroceder 80 días a las rotaciones de tierra y voy a imaginar que nos vemos con amor, empatía y alegría. Voy a tirar semanas de trabajo emocional para confesar que eres lo mejor que me pasó en la vida.

Dejaré la factura para mañana, pero hoy me permito sentirme tan enamorado como cuando me flechaste al conocerte. Llevaré una sonrisa de oreja a oreja porque traigo puesta la playera que me regalaste. Me deleitaré por un segundo con las semblanzas de aquellos domingos en los que dormíamos todo el día y nos abrazamos aunque el calor nos invadiera.  

Acepto la verdad, pero este día lo haré a mi manera. Sé que un error conocerte, pero es un error que volvería a cometer por todo el amor que día fue cierto, por todas las risas que tuvimos y por las centenas de comidas que compartimos. 

Hasta que den las doce campanadas en mi reloj, seguiré sin rumbo, en la incertidumbre y con millones de esperanzas. Sin arrepentimientos ni muletas emocionales dejaré correr este río de lagrimas profiriéndote amor, lealtad y amistad. 

Cuando acabe esta semana inglesa volveré a empezar, regresaré a la cordura y me pararé en la practicidad. No me importa que los saltos de rana me lleven a un punto del lado de los números negativos. Ya en casa, cuando inicie otro día, comenzaré desde el día uno.

Esta noche, cuando me acurruque en mi cama, con los ojos cerrados, te imaginaré a mi lado, y como aquellas noches difíciles te recitaré al oído "Si tú también lo sientes, si a ti también te apetece. No lo pienses, vámonos, ya somos dos. ¿Por qué no me das la mano y nos cogemos este barco celebrando con un beso que hoy es hoy?"

Alejandro

domingo, 5 de junio de 2022

El regreso del jabalí a la cacería

Mi cómplice:

¿Qué dice la comida dominical en familia? ¿Aún no te fastidia tener que fingir estar bien cuando todo sigue roto? Así como yo, ¿lograste evadir esa incomoda reunión gracias a tu jornada extraordinaria por las elecciones estatales del domingo 5 de junio?

Las nuevas no sólo se limitan a reportar mi séptimo día en la trinchera de la política. También, te puedo contar que el sábado, un sábado cualquier, se convirtió en el regreso del jabalí a la cacería. 

El pasado sábado regrese a las pistas de baile. No fue un acto de voluntad. Mi más reciente entrada triunfal en el Salón de los Osos fue producto de la presión social de mis amigos y de la terapia de exposición que recomiendan los expertos a las fobias. 

Ya no podía seguir teniendo miedo de deambular de noche por las calles de esta ciudad. Era momento de regresar a ser la bestia sensual, brava y decidida que asecha a pequeños gorditos que se esconden tras una botella de cerveza clara o un cóctel de promoción. 

Me mentalicé mientras el agua de la regadera recorría mi voluminoso cuerpo. Llegué a la conclusión de que después de 70 de días debería volver a cazar entre la niebla de antro, los afiches de hombres pelo en pecho y la estridencia de las canciones de la Trevi. Ya era indispensable que consiguiera mi propio alimento sexual sin la ayuda de una aplicación o de forma artera en un cuarto oscuro. 

No sabía si regresaría con una presa prendida de mi hocico, que suplicara terminar con la arrastrada que inició en el bar y que olvidaría en la mañana cuando la luz de amanecer me mostrara mi mala elección de amante. Pero tenía que salir una vez más a la jungla de concreto sin estarme lamiendo las heridas.  

En punto de las 11:00 de la noche mis amigos y yo llegamos al Salón de los Osos. En la entrada nos cateo un vigilante de mal gesto, nos pusieron una pulsera que indicaba el acceso y encargamos nuestras prendas excedentes en el guardarropa. 

Di un suspiro profundo y cruce el umbral con toda la actitud de un rollizo monstruo que sabe sensual. Mientras recorría el lugar, me contonee en un escueto suspensorio negro, un jersey color azul pastel que no me llegaba al obligo y una sonrisa coqueta de oreja a oreja. 

Con seguridad saludé a un par de gordos que reconocí de mis otras visitas, también presenté mis respetos al dueño del bar y me acerqué al cantinero para pedirle un tarro de litro de cerveza oscura. 

La noche corrió mientras recitaba en un inglés trozado las canciones de Madona, Beyoncé y Lizo. En un par de ocasiones en mis travesías al baño saludaba a los gordos que consideraba atractivos. Fui insistente en mis halagos a estas botijones porque tenía el firme propósito de conseguir un nuevo amor de una noche. 

Reí, grité y baile como si no hubiera deseado morir la primavera pasada. La vida siguió al ritmo de cada beat y yo, sin darme cuenta, seguía con ella. 

Finalmente, abandoné la colonia nocturna de osos sin una presa y con antojo de un menudo bien picoso. Pero no me importó, porque mi alma estaba en paz. Otra vez estaba al cien con mi sensualidad erecta, con mi seguridad en escena y con una voz muy enronquecida por cantar a todo pulmón "Believe" de la casi inmortal Cher. 

El coloso ha regresado para quedarse. 

Mi bien, es tiempo de volver al monitoreo de las encuestas de salida mientras tatareo y muevo mis caderas al compás de "Life's a party, make it hot. Dance don't ever stop, whatever rhythm. Every minute, every day take them all the way you gotta live 'em (...) Let's get loud, let's get loud. Turn the music up to hear that sound." 

 Alejandro

viernes, 3 de junio de 2022

Mi primera vez

Mi cómplice:

¿Qué dice el extraño viento que recorre la ciudad por las noches? ¿Te ha susurrado su nombre al oído mientras paseas por estas calles solitarias? ¿Has empezado a tener frío y necesitar su abrazo? Dime que eres más fuerte que yo.

Hace unos días fui por primera vez a comprar mi despensa. Como se acostumbraba en los tiempos del amor para obesos, tuve que pasar por el Sam's y por el Costco. No pude ir sólo. En mi primera parada, tuve la compañía de Miguel, y en la segunda tuve que llevar con correa a mi compañero de piso. 

Al día siguiente, mientras ordenaba mi día me di cuenta que no sería mala idea regresar a mi mochila mi pequeño neceser de rayas. Esa es una bolsita de secretos que yo llevaba cuando conocí a Giordano. En ella transportaba condones, lubricante y una loción de viaje por si la noche acaba con una visita a un hotel de paso en compañía de un gordo desconocido. Esta fue la primera vez que tuve que volver a cargar mi neceser para salir de mi casa. 

Anteayer, después de una jornada de locura en la oficina regrese a casa. Con problemas me arrastré por las escaleras, me vestí con una improvisada pijama y cené cualquier paquete de galletas que había en mi recién abastecida alacena. No pasaron más de veinte minutos cuando el sueño me venció. 

Mi cabeza tuvo una travesía de la que difusamente tengo recuerdos. Sin embargo, tengo claro que en mi mente viaje por mi oficina, una playa desconocida y una calle embestida por una fuerte lluvia. Mi alarma sonó como siempre a las 6:41 am y entonces abrí los ojos. Cuando active todo mi sistema operativo, me di cuenta que por primera vez en 10 semanas mi cerebro se dio el permiso de soñar (y que tampoco desperté llorando). 

Ayer, la cena del departamento 1010 se llevó a cabo en esa famosa taquería bajo el puente que divide la colonia Xoco y el Centro de Coyoacán. Aquí ocurrió otra primera vez: comer tacos sin él. Hice mi orden, recibí mi plato y consumí su contenido sin pelear que los limones estaban sexos, que la salsa no picaba o que el suadero era que el pastor. Esta cena fue a mi antojo, para mí y sólo para mí. 

Finalmente, hoy, mientras mis colegas y yo reaccionamos a las declaraciones del Presidente, reí con naturalidad por un chistorete de un colaborador. Fue la primera vez que reí sin fingir estar de buenas, sin sentirme incomodo por tener que socializar y sin tener que vencer una pesadumbre porque Giordano me dejo. 

No sé como definir lo que siento. Tiemblo al pesar cuantas primeras veces he tenido en estos días. Y me siento aterrado por todas las posibles primeras veces que voy a vivir de aquí en adelante. Si tuviera que hacer un ejercicio de definición sobre estas vivencias diría que me siento solo, abandonado, ligero y libre. Ésta es una combinación de emociones que se dilucida caótica en sí misma. 

Me siento triste porque habrá por primera vez un pastel de cumpleaños que no compartiré con mi gordo de ojos avellana;  me siento mediocre porque tendré que firmar por primera vez mis tradicionales tarjetas de navidad como soltero; me siento confundido porque le diré por primera vez "Te quiero" a un hombre que no sea Giordano; me siento curioso porque empezaré por primera vez a experimentar una vida de soltero con un cómodo apartamento y buen trabajo; me siento calmado porque dejaré por primera vez de llorar por un hombre que me abandonó después de media década de relación. 

Mi bien, tengo que terminar esta carta en silencio porque no conozco ninguna canción que describa lo que vivo. Tal vez debo componer una melodía que siga el lento compás de mi sanación y que exprese los altibajos que tengo casi cualquier minuto del día. 

Te dejo mientras traduzco mis emociones a acordes que sigan un ritmo no tan taciturno como el humor que aún me caracteriza, 

Alejandro.

martes, 31 de mayo de 2022

Amar es una carga, más que una bendición

Nota: Este texto surgió como una idea que tuve durante el confinamiento de la pandemia del COVID19 entre 2020 y 2022. 

Tenía miedo de escribirlo a consecuencia del terror a aceptar que mi relación se había fracturado y que no tenía remedio. Sin embargo, para el verano de 2022 eso ya había pasado y tengo la sensación de que perdí el tiempo al no enfrentar mis sentimientos entonces. 

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Mi cómplice:

Espero que estés bien. ¿Te ha relajado el vivir encerrado a 4 paredes? ¿Qué se siente respirar el mismo aire una y otra vez? ¿No te hace falta la brisa del mar?

He empezado a tener miedo a mis propias ideas. Quisiera bloquear todas mis emociones para que éstas no den a luz sentencias que podrían lastimarme a mí y a la persona que tanto amo. Pero la locura y mi baja de dosis de antidepresivos no me permite controlar lo que pienso.

Cada día siento más rencor de la persona que comparte mi cama a consecuencia de las varias veces que por noche me despierto porque encuentro en "On" la lampara nupcial o la televisión sin razón. Cada desayuno me siento más erosionado por su desdén y su horrible costumbre de aventar el plato al frente cuando termina de engullirse su doble porción de alimentos. Cada momento siento más cólera por sus desmedidos berrinches asociados a la lenta velocidad del internet, a la ausencia de cupones para "boneless" o al anuncio de que otra película va a postergar su estreno por la pandemia. 

No vivo preocupado de contraer esa desconocida enfermedad; vivo angustiado porque en cualquier momento mi osito dejará de ser manso para convertirse en un leviatán que hiere de muerte todo a su paso. Escudriño las habitaciones al entrar para evitar hacer un movimiento en falso e iniciar otra pelea que sólo se va apagar con otro pedido de 500 pesos más propina en Uber Eats. 

Mi cabeza no está en otro lado más que en tener contento a mi marido. Mi marido no hace otra cosa que quejarse por sentirse como animal enjaulado. Lo que no hace es valorar las decisiones que lo llevaron a estar encerrado a piedra y loco: sus casi 3 décadas consumiendo comida chatarra, sus más de dos lustros ingiriendo alcohol y tabaco al por mayor y su larga vida estudiantil de malos hábitos de sueños e hidratación. 

Cada vez que me obligo a tener la cabeza fría para que una discusión sólo sea un berrinche pequeño y no una tercera guerra mundial, me quiebro un poco más. Como el moho en la paredes de esta vieja casa, esa idea permea mi corazón: amar es una carga, más que una bendición. 

Para dejar de pensar, para no enfrentarme a mi mismo y a él y para callar la voz de la cordura en mi cabeza, me voy a dormir otro par de horas. Cuando despierte, si el atardecer no ha llegado, haré una merienda frita; pero si la luna ya brilla, entonces haré un pedido de más de 5 mil calorías y lo esperaré mientras acompaño a mi gordo en su enésimo juego de the Age of Empires. 

Empiezo a sentirme desesperado. Creo que tengo que tomar una decisión o voy a perder lo que más amo: a él. 

Sin saber que consecuencia tendrá, voy a meter mi creatividad, mi imaginación y mi inspiración en una caja para que no haya dolor ni lagrimas. Me voy a concentrar en estar para mi pareja. No me quiero imaginar un mundo sin él; no me quiero enfrentar la verdad de su indiferencia; no me quiero sentir derrotado por perder mi matrimonio. 

En mi camino voy en neutral de aquí en adelante, a pesar de las curvas o las pendientes.

Camarada, te dejo para practicar mi dicción pérdida en italiano. Seguiré recitando una canción cualquiera de T. Ferro: "Y en tiempos negros, te salvé la vida tantas veces y no supiste, eh. Descubrirás un día que te entregué mi vida y el sentimiento fue solamente mío. Tu amor fue casi nada; lo hice mi universo. Estoy roto, has extraviado un trozo de mí, eh. Ya fui demasiado bueno; hoy me rindo, ya no puedo más."

Alejandro

lunes, 23 de mayo de 2022

La claridad del reflejo

Mi cómplice:

¿Qué tal te han tratado los volubles cambios de clima de nuestra ciudad? ¿No te abruma tener que salir listo para el calor del infierno y cargar la sobrilla para el diluvio de cada tarde? ¿Listo para los nuevos vientos que circulan por esta inmensa ciudad?

Ya con la cabeza menos llena de aire caliente, me he dado a la tarea de crear espacio para nuevas y productivas ideas. En los últimos días he caído en cuenta de la fortuna que poseo. No hablo de dinero ni propiedades; me refiero a mi invaluable colección de amigas y amigos.

Por más de 20 años, desde que le entendí al juego de las atrapadas, he compartido charlas maratónicas, juergas con millones de lágrimas y conciertos monumentales de risas con estas extraordinarias personas que me han brindado su amistad. Hablamos de más de dos décadas de confianza, respeto y sinceridad de ida y vuelta con mis camaradas.

Reconozco con el pecho crecido que mis cuatachos y cuatachas han sido cruciales para mi cordura, para mi crecimiento personal y para enfrentar esas tormentas inesperadas. Considero indispensable aceptar que sus buenas ideas, sus críticas implacables y su paciencia dosificada me han cobijado y me han impulsado cuando fue necesario.

Merecen más que un monumento. No puedo dejar de aceptar que gracias a sus consejos aprendí a esperar a que la bruma del desamor siempre se disipa; a encarar el dolor del fracaso sin victimizarme, o a presumir mis glorias sin perder el piso.

Tengo claro que cada vez que pido un consejo estoy frente a un espejo que habla con la verdad, que me muestra virtudes y vacíos con sinceridad y que me presentan mi realidad con franqueza y sin condescendencia. No importa si me estoy ahogando en un vaso de agua o me enfrento a una decisión temeraria, me hablan con la verdad.

Cada consejo me lleva a un lugar seguro porque a través de sus ojos y opiniones me enfrento a la justicia de mi propia imagen. La claridad del reflejo con la me hablan me impide engañar (me), me impulsa a mejorar y me da dirección cuando quiero perder el tiempo en caminos estériles.

En las últimas semanas fueron indispensables para enfrentar el rompimiento de mi relación. Sin tener que pedirlo más de una vez, estuvieron ahí para mí, me atendieron con cariño y me apalearon con la verdad para que saliera adelante del hoyo en que me quería sumir.

Si bien no transfiero mi responsabilidad de lo que soy, donde estoy y lo que quiero ser. Tengo muy claro que mis compinches fueron el viento bajo mis alas para que esta ave con las alas rotas volviera a surcar el cielo.

Sus palabras y sus atenciones fueron necesarias, útiles y reconfortantes ahora que un hombre me rompió mi grasoso corazón. Con petulancia puedo decir que su compañía será requerida mañana cuando otra vez encuentre al amor de mi vida, cuando fracase laboralmente o cuando encuentre otro lugar gris donde querer mimetizarme.

Mi cómplice es momento de completar mi radiografía económica de Campeche mientras finjo que no vivo un sitcom de la ABC y tengo como tema de entrada “When it hasn't been your day, your week, your month or even your year, but I'll be there for you ('Cause you're there for me too).”

Alejandro


miércoles, 18 de mayo de 2022

Es momento de dejar este nido


Querido cómplice:

¿Cómo te ha ido en estos días de calor intenso? ¿Has empezado a fusionarte con la silla mientras tecleas como loco el resumen de la mañanera? ¿Listo para que las emociones se suelten en la semana santa?

Después de que Giordano me dejo, me sumí en hoyo que me aprisiona y me hace sentir que la vida perdió mucho sentido. Me siento herido y creo que no he vivido lo peor porque la esperanza de recuperar a mi gordo de ojos chocolate me sigue invadiendo múltiples veces por día.

Sin embargo, cuando la cabeza está fría, cuando las puertas de otras vivencias se muestran entreabiertas y cuando empiezo a pensar en mí mismo antes que él, entonces empiezo a pesar que es momento de abrir las alas para volar más lejos, más alto y con más velocidad como nunca lo he hecho.

Sigo enamorado, volvería a darlo todo por él y seguiré pensando que tenemos un destino juntos. No obstante, creo que es momento de vivir este cambio; es momento de pensar en mí antes que todo y es momento de dejar este nido donde no hay cabida para mí.

Será que nos seguiremos amando, será que habrá otro chance, será que conoceré a alguien nuevo, será que lograré nuevas metas. Eso no importa. El tiempo dicta que debo salir al mundo otra vez para descubrirlo, para gozarlo y para seguir riendo.

Por unos días lo olvidé. Pero es tiempo de tener en cuenta que “every day there's a war to fight, and if I win or lose, never mind […] I'm ready for the good times; I'm ready for the good times… Ready to get it on.”

Alejandro

6 de abril de 2022

El 7 es mi número de la suerte

 Mi querido cómplice:
 
¿Cómo te fue en tus vacaciones? Las mías fueron una montaña rusa sin control de velocidad y sin las protecciones para mi corazón, mi salud mental y mi reputación como amante internacional. 

Tomé la decisión de cumplir mi última promesa a Giordano: Nuestro viaje de vacaciones por sus primeros 30 años. Sin embargo, vinimos a gringolandia sabiendo que él me había dejado por otro; nos subimos al mismo avión sabiendo que el me había engañado con un tipo que a mi juicio no me hace sombra; visitamos a mi hermano y compartimos su mesa fingiendo que no hay una cantidad infinita de reproches para justificar su infidelidad y justificar mi codependencia; compartimos la cama para dormir y fornicar creyendo que visitar el Paseo de la Fama y los antros gays de West Hollywood no tendría un costo para nuestra salud mental. 

Pequé de absoluta inocencia al creer que lo peor que me podía pasar era recuperar un par de kilos por la ingesta masiva de soda y harinas procesadas de la comida nativa del país de las barras y las estrellas. Sin embargo, mi viaje acabó mal, como todos lo supusimos, porque no le sé poner límites a Giordano, me volví a poner de pechito para que abusara de mi carácter y volví a perder la cabeza y a gritar a media calle a las 3 de la mañana. 

Los malditos celos derivados de la compulsiva necesidad de Giordano de reportarle su vida y hasta mi vida a ese tipo cobarde me consumieron mientras bailábamos por petición suya en un bar mediocre de la zona rosa de Los Ángeles. No pude soportar que unas horas antes de regresar a casa y a unas horas de cumplir 7 años de abandonar el closet otra vez me sitiera el plato de segunda mesa de quien me dice que me ama y que mientras me decía que quería estar conmigo, Giordano con su mente ya estaban en otro país y con otra persona. 

Termino mis vacaciones con el sabor más amargo y podrido que pudo haber; llego a mis primeros 7 años amándome al 100%, pero rechazado esa versión de mí que me limita; regreso a casa con la cola entre las patas porque pensé que mi fea historia de amor podría tener un final feliz de dos gordos enamorados comiendo In N’ Out frente a la playa de Santa Mónica. 

Ya no puedo hacer nada. Ya fui, otra vez y en su versión internacional, ese monstruo horrible mientras pretendía ser el papá de Giordano, la niñera de Giordano, la enfermera de Giordano, la mucama de Giordano, pero nunca su pareja. 

Me voy a poner llorar lo que necesite porque cuando cruce migración en unas horas voy a regresar a mi realidad: la realidad que no niego, que abrazó y que acepto. Me daré la oportunidad de retornar a mi departamento en un rincón cerca del cielo, a mis aplicaciones para buscar amantes que queme ayuden con mi cardio del día, a mis libros y mis estudios truncos, y a vivir para mí y sin pesos ajenos. 

Estaré en casa cuando llegue mi séptimo cumpleaños, cuando inicie este nuevo año estaré más cerca de una década de éxitos de amor propio que de un lustro de mentiras de una relación tóxica, cuando el inicie otro ronda del sol sólo lloraré porque me pegue en el dedo gordo con la esquina de la cama y no porque mi autoestima esté en el suelo consecuencia de que Giordano se fue a vivir con ese hombrecillo  en menos de 24 horas de haberme dejado.

Basta de este drama. Dos meses fueron suficiente. 

Me voy a cambiar el switch. El 7 va a ser mi número de la suerte y voy a empezar otro año con la luz y la sombra sin tener más que ganas de vivir: errores, fracasos, lagrimas, éxitos, risas y amores. Se queda en Estados Unidos este dolor porque ya lo cargué por medio continente y no saco nada productivo de ello ni recupero a Giordano. 

Voy a regresar con dos maletas llenas por mi paso por Ross, Target y Macy's, pero la carga, esa carga de mierda, ya no viene conmigo. 

Mi querido cómplice es tiempo de pasar la revisión de seguridad en uno de los aeropuertos más grandes del mundo. Será que en el cateo me decomisan mi cinismo, mi tristeza y mi lujuria. 

También es momento de dar uno de los pasos más importantes de mi vida: pensar únicamente en mí y para mí. Dejemos que el gordito de Sam Smith me aconseje al oído para salir adelante “everyday I’m trying not to hate myself. But lately, it’s not hurting like it did before. Maybe I am learning how to love me more.”

Alejandro

miércoles, 27 de abril de 2022

De paja y miedos

 Querido cómplice: 

Esta ola de calor que acosaba a esta ciudad fue seguida de atardeceres nublados y molestas lluvias ácidas. ¿Cómo vas con la camisa empapada de sudor y luego de lluvia citadina cuando llegas a casa? ¿De algo te ha servido cargar con el paraguas a todos lados? ¿Te sientes protegido o salvo?

No me han bastado más de cuarenta días de este duelo para aceptar mi pérdida. Sigo pensando que estoy en una de esas pesadillas que me daban cuando cenaba 15 tacos, medio alambre y mi litro de Coca - Cola sin azúcar. Bueno, tengo momentos de conciencia en que esta pesadilla se torna sin sombras en mi presente y la pueda soportar con un par de cápsulas de fluoxetina. 

Al aceptar esta realidad y contemplar de nuevo mi reflejo frente al espejo, me confirmo como un hombre de paja y miedos. Me siento decaído porque sigo en ruinas cuando antes era un coloso afable, atento y atrevido. Sin embargo, la imagen no me miente: tengo mucho trabajo si quiero que ser perene, resiliente y feliz cuando le embistan nuevas tormentas a este risco. 

Ya empecé a aceptar que el risco se ha desgajado prominentemente y que luce bastante diferente. Sin embargo, este risco sigue en pie, mirando al horizonte y de cara al mar. 

Este risco no tiene certeza si mañana habrá buen clima o si habrá nubarrones por todo el cielo. Pero eso no le importará, porque esa es la lección que se tiene que volver a aprender: no hay certeza de cuando otra tormenta pegará y no debe ser una preocupación latente. 

Yo, este risco, seguiré aquí frente a la vida porque la caricia de la brisa o el golpe de la ventisca son fundamentales para apreciar el día y la noche, la luna y el sol, y el silencio y el bullicio. Continuaré a pesar de las grietas y las deformaciones del tiempo porque sería peor huirle a la dicha que es ver el amanecer de las cosas nuevas y el atardecer de los ciclos que terminar.

Mi bien es hora de quitarle la pausa al Spotify porque la música tiene que continuar: smile what's the time, you must keep on trying; you'll find that life is still worthwhile, if you'll just... SMILEEEEEE. 

Alejandro

miércoles, 20 de abril de 2022

Lección no aprendida

 Querido cómplice:


El calor azota la ciudad. ¿Has sentido el golpe de calor? ¿Vas con tu botella de agua a donde sea? ¿Qué te angustia más: el sofoco del medio día o tu incapacidad de vivir solo? 

No conozco a nadie que no al saber de mi no me reproche mi codependencia y mi negligente amor propio. Por mucho le eche una sonrisa al espejo, el reflejo me responde recordándome que no cuido de mi mismo, que me lamo los labios cuando pienso en ser un paraíso emocional de alguien o que hago berrinches porque no respeto las decisiones de los otros. 

No importa quien me lo diga. Estoy aferrado a no entender de razones ni a escuchar a la gente que busca mi bienestar. Me ha gustado y disfruto la mierda en la que estoy. 

Cínicamente aceptó que ésta es una lección no aprendida. Sin embargo, no lo confieso para mantener la cabeza bajo tierra. 

Lo digo en voz alta porque ya no quiero, ya no puedo y ya no intento mantener mi vida en esta dirección. Pronto, minuto a minuto, con recaídas, quiero y voy a salir adelante. 

Lo sé y me lo prometo a mismo.

Iré con el tiempo y no en su contra. Iré con miedo, pero no me detendré por su compañía. Iré por esta ciudad a pesar de caerme otras mil veces más porque al final esta es mi vida, yo soy su protagonista y la historia la escribió yo. 

Mi cómplice, mientras la brisa en el atardecer de esta ciudad me acaricia en la cara y en las nalgas, me voy cantando a la Celia porque la vida es un carnaval y las penas se van cantando. 

Alejandro

jueves, 24 de marzo de 2022

De aquí no me muevo

 Querido cómplice:


No me hago la víctima aunque lo puedas o lo quieras pensar. Estoy herido. Devastado. 

Siento un gran dolor, porque la verdad se me estampó en la cara, porque tengo que reconocer que mi amor se contaminó, porque esos famosos arranques de amor no son virtuosos. 

Las que siempre presumí como hazañas, mis grandes locuras de amor son lo que siempre fueron artilugios extremos que era innecesarios, que fueron cansados y que consumieron el amor. 

Me pesa decirlo en voz alta, pero tengo que reconocer que mi forma de amar daña más que protege, irrita más que calma y destruye más que construye. 

Sin embargo, no hay motivos para afirmar que el amor no debe ser gigantesco, colorido y luminoso; así como sus proxies. 

Tendré que aprende a expresar mi amor de otra forma, sin embargo no conozco evidencia que diga que mi amor no debe ser voluminoso, festivo y memorable. De aquí no me muevo, porque el amor que voy a seguir dando será talla plus como mis pantalones. Eso si, será delicado, preciso y sincero. 

Voy a caminar por este bache sin enterrarme en el fondo; me voy a seguir amando con entereza y voy a volver a reír a pulmón lleno como lo hecho por más de tres décadas. 

Mi cómplice, te dejo. Sigo entre sollozos, pero no desesperado mientras se reproduce en aleatorio “Lights will guide you home, and ignite your bones and I will try to fix you.

Alejandro