viernes, 2 de diciembre de 2022

Sé dar las gracias

 Cómplice: 

El invierno está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo te han ido con estos nuevos fríos? ¿Qué se siente recorrer esta ciudad con el viento helado arañando tus mejillas, iluminado por escasas lamparas de camellón y sabiendo que cuando regresas a casa sí regresas a un lugar seguro que tanto añoraste? 

La llegada del invierno es la confirmación de que el año se acaba. Con voz firme es tiempo de hacer un corte de caja y disponernos a ejercer las lecciones aprendidas (las hayamos aprendido por las buenas o por las malas). 

Sé que por muchos, muchos, pero muchos meses me queje de mis desdichas. Acepto que tuve que perder el foco para aprender a dilucidar las emociones, las vivencias y las personas que me hicieron una persona más fuerte, más alegre y más resiliente. 

El día de navidad no me voy a quejar porque mi cena tiene tres invitados y no esa gran familia a la que pertenecí por consorte. El año viejo no lo voy a dejar brindando y bramando por mi impuesta soledad. El año nuevo no lo voy a empezar con rencor por los pedazos que aún me faltan por reacomodar en mi obeso corazón. 

Antes de que acabe el año y para el siguiente que entrará en 30 días, voy a darle espacio a que males como la esperanza, la buena voluntad y la suerte convivan conmigo. Hoy, mañana y el día siguiente, voy a vivir con lo que hay y con algo de optimismo. 

Primero, me dispongo a aceptar, "SIN MÁS PEROS", mi realidad tal cual es y no voy a apacharme más de lo recomendable. Las lágrimas y las risas que tuve en estos 12 meses no las cambio aunque en algún momento renegué del precio que pague por ellas   

Segundo, me dispongo a mostrar gratitud (a Dios) por la vida que hoy tengo. Sé que no lo creerás, pero sé dar las gracias. 

Sé dar las gracias por aprender a vivir la soltería; sé dar las gracias por tener una madre amorosa y un hijo risueño por los cuales velar; sé dar las gracias por un trabajo remunerado que me permite darme mis lujos; sé dar las gracias por mi colección de amistades, quienes cuando lo necesite y cuando lo necesitaron nos pudimos arropar con solidaridad; sé dar las gracias porque este año mi cuerpo, mi alma y mi intelecto fueron mi prioridad, y sé dar las gracias porque tengo la oportunidad de enmendar mis acciones cuando impactan en el prójimo.   

Lo que viví en el 2022 se vivió, crecí un poco (aunque sea a los lados) y no me voy a seguir haciendo la víctima.  La siguiente marcha al sol, la voy a enfrentar con miedo, pero con muchas ganas de volver a salir adelante. 

Finalmente, voy a darle un poco de espacio a la incertidumbre y voy a dejar que la vida se siga abriendo paso como las olas lo hace cuando golpean una y otra vez la costa. Seguiré pese a mis ganas de no hacerlo y aceptaré el resultado aunque la partida la haya perdido. 

Es momento de dejar la computadora para ir a comprar un poco de despensa para llegar a la siguiente quincena. Me siento igual de afortunado que Sam Smith, quien bien dijo que "I'm not a saint, I'm more of a sinner. I don't wanna lose, but I fear for the winners. When I tried to explain, the words ran away. That's why I am stood here today and I'm gonna pray (Lord)... pray (Lord), maybe I'll pray."

Alejandro

P. D. Si olvido mi cortesía, te deseo una bella navidad y muchos buenos momentos el próximo año que inicia. ¡Muchas felicidades!

viernes, 18 de noviembre de 2022

Las mentiras que me digo (y que te digo)

Cómplice:

¿Qué piensas de este cálido y húmedo otoño?¿Dónde te agarró la lluvia de ayer en la noche? ¿Estabas en casa protegiéndote de tus emociones o te sentías valiente para estar afuera exponiéndote a que cualquier golpe reventará la cicatriz en el pecho que crees que va sanando? 

Hoy se cumplen 8 meses de ese día. Hoy me siento roto como ese día, pero no hago escalados por ese dolor. Hoy me levanté, fui a clase, luego llegué a trabajar y, finalmente, por la noche, saldré a cazar una nueva presa en las fiestas "underground" a las que asisto como el último jabalí de la Del Valle. 

Si te cruzas conmigo en el metro, por los pasillos de mi oficina o por las escaleras de mi condominio, me verás con una sonrisa. Si te topas conmigo verás a un adulto funcional que cumple con sus tareas. Si llegas a estar cara a cara conmigo verás que por alguna razón me estoy esforzando por continuar. 

Sin embargo, no es real esa sonrisa, ni el compromiso con mi trabajo ni mis esfuerzos por salir adelante. Son productos artificiales construidos bajo la falsa promesa de que si me repito un millón de veces que estoy bien, entonces en algún momento mi corazón, mi orgullo y mi libido no estará heridos. 

Más a menudo de los que me atrevo a aceptar, oculto mis heridas infectadas a todas y todos los amorosos seres que me quieren. Con mucha frecuencia, mis palabras deseándote un buen día o alegrándome por verte no son verdad. Hay pocas veces que las buenas vibras que emanan de mi boca son buenas, casi siempre son artificios emocionales para el mundo y para mí. 

No quiero decir que soy una mala persona, aunque si me convertí en un gran hipócrita con todos a mi alrededor. Tengo que reconocer que a cambio de no sentirme solo y derrotado, intento estafar a todos, incluso a mí con un afecto que no siento. Las mentiras que me digo (y que te digo) son producto de un deseo desesperado de dejar de ser el triste gordo con el corazón roto.

He caído en esta farsa para no darle lástima al mundo y no darme lástima a mí. Tengo la percepción de que mi amada colección de amistades ya no puede con la carga del Alejandro, el abandonado. Me he dado cuenta que en mi chamba no ven con buenos ojos mi seriedad y mi distancia a tantos meses de mi accidente. Detecto que mi mamá y mi hijo ya no pueden con un patriarca con el bastón roto por la mitad y que no es capaz de cuidar a su familia. 

Me tengo que mentir porque la licencia de dolor se acabo hace algún tiempo. Me dedico a ocultar mis viejos y nuevos errores porque el peso  de mis responsabilidades sobre mis hombros no se reduce. Finalmente, me hago el fuerte porque el dolor no me va a dar de comer, no pagará las cuentas y no lo traerá de nuevo. 

El dolor, así como lo siento, no me dejará nada a favor. Es más, me quitará más de lo que realmente se fue de mi vida. 

Después de esta sesión de confesionario, me voy a pedir perdón una vez más sin esperar una bandera blanca de la vida. Eso no existe. 

Con calma seguiré con mi revisión del informe mensual del INEGI sobre inflación y escucharé a través de mis audífonos a Dido, quien con templanza dice que "I'll let it pass and hold my tongue. And you will think that I've moved on. I will go down with this ship. And I won't put my hands up and surrender. There will be no white flag above my door. I'm in love and always will be." 

Alejandro

domingo, 6 de noviembre de 2022

Un gordo más y no aquel atlas

 Mi cómplice:

¿Qué dice el último cuarto del año? ¿Listo para cerrar con fuerza o dejarás que la vida sigue usando tu cabeza como pelota de basketball?

Te soy sincero todo está bien. Sin embargo, con recelo puedo afirmar que algo está mal. Es mi mente sobre-reaccionado a la brisa, a una lata que es pateada o a una mosca volando a mi alrededor. 

Conozco esta sensación. Reconozco los síntomas: respiración acelerada, recuerdos atacando mi corazón y mis manos temblando sin ritmo ni control.  

Mi bien estoy viviendo una crisis más. Hablamos de ansiedad en su forma más bruta, sin diluir y en cantidades desmedidas. 

Justo ahora, no puedo pensar en lo bueno, no puedo vivir sin miedo; no puedo sentirme en paz.

Me es casi imposible concentrarme en las cosas que si funcionan en mi vida: mi hijo siendo feliz porque su familia lo cuida; mi trabajo donde soy bien valorado y respetado; mi departamento que ya se ha convertido en mi hogar y que es un lugar seguro. 

Si me preguntas que causo esta crisis te diré que cualquier cosa y que nada la justifica. Pudo haber sido la taza extra de café, haber dormido menos de 6 horas, la fecha de pago de la tarjeta, mis variados pasatiempos o lo lento que va el Metro. 

A mi mente no le importa que mi cuerpo y mi alma, con esfuerzo y paciencia, se ha nutrido y ha sanado; a mi mente sólo le angustia que todo puede derrumbarse en cualquier momento; a mi mente sólo le angustia la posibilidad, completamente impredecible, de otra vez, estar solo, herido y desprotegido.

Esta ola de emociones parece incontenible. No obstante, tengo la convicción de que puedo resistir mi auto ataque. 

Voy a seguir mi camino. Sí, como otro martes, iré a entrenar. Voy a darle una pausa de 120 minutos a ese mundo que me oprime por mi propia elección. Voy a ser un gordo más y no aquel atlas que en los hombros lleva la carga autoimpuesta de muchos prójimos.

Se que esta crisis, cómo las miles que he vivido en el pasado, será pasajera. Sin embargo, siento la incertidumbre susurrándome al oído: ¡alerta todo está mal!

Me compré la idea de que hoy soy mas fuerte que esta enfermedad; que los malos días son solo eso días; que mañana saldrá el sol y volveremos a empezar.

Respiraré hondo y volveré a comenzar... 

Como dice los Dragones imaginarios, me quedo en mi camino porque no tengo tiempo para las personas tóxicas, aunque esa persona tóxica sea yo mismo. 

Alejandro

jueves, 6 de octubre de 2022

El juego siguió y hoy respiro con tranquilidad

 Mi querido cómplice:

¿Qué dicen los primeros vientos de este frío otoño? ¿Qué se siente cuando la brisa acaricia cada cana del mechón en tu frente? ¿Qué tal la calma que ahora domina después de la tormenta? 

Sin darme cuenta durante los últimos días la vida volvió a cambiar. Viví sin congojas, soñé sin miedo y reí sin esfuerzo. 

Eso que decían se cumplió: la vida siguió. El río de flujo constante de vivencias se hizo camino y yo me siento yo otra vez. 

Puedo hacer planes, puedo dormir sin recelo y me a pacho sin culpas. El risco aunque erosionado siguió de pie frente al mar y sin pausa recibe cada ola, cada atardecer y cada luna ménguate. 

Esa mentada calma que todos apostaron que iba nutrirme por fin salió del mazo de cartas. Hoy sigo por esta ciudad con otra sonrisa, con muchas ganas y con otra melodía en mis tarareos. 

El juego siguió, no me gusto el resultado; el juego siguió, me seguí lastimando; el juego siguió y hoy respiro con tranquilidad. No hay queja ni reproche. 

Es momento de arrancar el nuevo año electoral mientras vivo este bello presente para ganar en el norte. Es momento de salir a ganarse el taco de hoy y es momento de seguir surfeando por la ciudad lago de Tenochtitlán. 

Me sumo al coro del conductor del trolebús que, desde el alba y con buen ánimo, canta a todo pulmón como el divo de Juárez: "Hoy como otros días yo seguiré tratando ser mejor. Y sonriendo haré las cosas con amor [...] Buenos días, alegría (Buenos días, Señor Sol). Buenos días al amor (Bueno días ah ah)."

Alejandro

miércoles, 21 de septiembre de 2022

El regreso

 Cómplice:

¿Cómo estás? ¿Qué dicen los sismos de septiembre? ¿Recuerdas donde estabas hace media década cuando a eso de la 1 y media el país se movió, luego se paralizó y finalmente todo cambió? Con entereza te puedo decir que sí y que no sabía cuánto se iba a mover el piso bajo mis pies. 

Cómo es mi costumbre te escribo de prisa mientras estoy en una sala de espera del tercermundista Aeropuerto Internacional de Tijuana. Te preguntaras qué hago acá. La respuesta es corta. 

Vine al otro lado de la frontera a la boda de mi hermano. Pero para mi sorpresa este viaje a California me ayudo a curarme esta herida que insisto en mantener abierta. 

Por meses me aferré a creer que el amor era una emoción que se veía en momentos extremos, cuando uno estaba quebrado o se pedía un voto de confianza. Sin embargo, en unos días mi idea del amor cambió.  Hoy tengo certeza de que el amor propio y al prójimo (y su gemela la lealtad), también, se practica a diario y en pequeños gestos: en él buenos días al despertar, en la sonrisa al regresar de trabajar y en abrazo antes de dormir. 

Me termine de perder en las calles de San Diego para saber que ya me había encontrado en mi vida otra vez y que la esperanza por amor seguía en mí. Frente al mar me jure cuidarme y protegerme y de igual forma me hice la promesa darme todo ese amor que espero darle a la vida.

El regreso a México me emociona porque tengo nuevos planes, nuevas metas y muchas ganas de aprender a construirlas con esfuerzo, paciencia y humildad. El regreso no me pesa ni me acongoja como en otros tiempos.

Espero tener mucho tiempo para poner en práctica todas esas lecciones y que tenga una oportunidad de conocer el amor desde esta nueva óptica. Quiero que este viaje marque la dirección a la que si me conviene ir. 

Mi camarada te tengo que dejar porque el avión ya casi despega y quiero que tengas tiempo de leer estas líneas antes del amanecer en nuestra nueva vida. 

Qué suene desde la cabina el sabor de boricua porque a casa regreso contento y listo para lo que venga: “A veces llega la lluvia para limpiar las herida; a veces solo una gota puede vencer la sequía. Y para qué llorar, pa' qué. Si duele una pena, se olvida. Y para qué sufrir, pa' qué. Si así es la vida, hay que vivirla.”

Alejandro

martes, 23 de agosto de 2022

Un aniversario más... de mi liosa gatita

 Cómplice: 

¿Qué dice el balance del verano que hoy termina? ¿Hubo bikinis y tangas al por mayor? ¿Listo para el inicio del airoso otoño? ¿Preparado para los cambios que vienen con las hojas secas? 

No lo sabes o no lo recuerdas, pero hoy se cumplirían 5 años de mi historia de amor con él. Este día debió ser de fiesta y costillas. Esta fecha era para crear recuerdos. Esta efeméride era para reír y gemir de placer a su lado. 

Pero eso ya no fue ni será. No hay más que decir. 

Pensé que sería un día pesado por el recuerdo de esa última cena de aniversario, de esa última noche a su lado o de ese último beso que nos dimos. Sin embargo, los segundos, los minutos, y las horas han fluido sin pausas ni contratiempos. 

A pesar de no estar sufriendo, siento que debo darle sentido a este día. No quiero que sea el día de un aniversario muerto, quiero que sea un día de dicha. 

A partir de hoy, voy a celebrar el cumpleaños de la criatura que se convirtió en mi compañera cuando la noche fue más oscura, que me dio consuelo cuando la soledad me invadió por su abandono, y que ha hecho ameno cada día con sus travesuras felinas. 

Bautizo el 23 de agosto como el día de mi amada Menten, la princesa gatuna más altiva de la Del Valle.  

Mi bien te cuento que hace 2 años, a medio otoño, en el patío de esa casa en la que habité, una pequeña gatita lloraba por hambre y dolor. Una gatilla, aproximadamente de un mes, llegó a la puerta y, pese a mi resistencia, se convirtió en parte de mi vida.  

Al igual que yo, Menten fue abandonada por esa persona que nos juro cuidar. Le agarré más cariño a esta bestia miniatura porque nos hicimos compañeros mientras asimilábamos el gran cambio que estabamos viviendo. 

Finalmente, cuando la mudanza al nuevo departamento se concretó, Menten viajo conmigo. Como yo, con miedo, descubrió nuestro nuevo hogar; como yo, se adaptó pese a las resistencias, y, como yo, se enamoró la de la vista de los cerros del sur de la CDMX. 

[Sonara muy a la Monsiváis, pero debo reconocer que ella goza más el departamento que yo. Más de una vez he encontrado a Menten durmiendo en el alfeizar de la ventana mientras la briza le acaricia los bigotes. Esta acto de pereza la convierte en la única ama de este rincón cerca del cielo].

Recapitulando, yo no voy a llorar cuando a las 20:33 horas se cumplan 5 años del día que me cambio la vida (o al menos eso espero). Hoy, a esa hora estaré entrenando para hacer de mis energías algo más productivo que sufrir y cuando regrese a casa celebraré con mi peluda compañera 2 años de compartir esta vida tan animalesca. 

Compinche, te dejo porque me tengo que preparar para salir. Antes de ello, voy a colocar agua y alimento a mi monstruo atrigrado, después le pediré que se porté bien y, con voz chiqueada, le cantaré  a Menten nuestra canción favorita: Soft kitty, warm kitty. Little ball of fur. Happy kitty, sleepy kitty. Purr purr purr.

Alejandro

viernes, 12 de agosto de 2022

Ciego, sordo y, por voluntad, mudo

 Cómplice: 

¿Despertaste con el suave cantar de la alerta sísmica de la CDMX? ¿Ya empezaste a reconsiderar eso de vivir por encima del quinto piso? ¿Fuiste tan afortunado como yo que no sintió el sismo michoacano porque el insomnio no te invadió por primera vez en meses? ¿Qué se siente que la tierra se siga moviendo mientras tú te sientes petrificado?

Como sabes llevo unos meses asistiendo a sesiones con Delfos, un prominente psicólogo y sexólogo sudamericano, que como su tocayo, me ha mostrado mi pasado, mi presente y mis posibles futuros ahora que soy este hombre soltero. Semana tras semana, mi oráculo en renta me ha enfrentado a mi realidad; me ha orientado en este paraje sin norte, y me ha detenido cuando le hago ojitos a las salidas tangentes para escapar de este sufrimiento. 

La terapia ha sido un proceso duro porque me cuesta seguir al pie de la letra las recomendaciones, advertencias y argumentos que forjo con Delfos. Tampoco me convencen los bien intencionados discursos de los demás que, como un coro afinado, me repiten la misma letanía de valoración externa que inunda la terapia. De hecho, me sorprende que el médico, el cocinero y el contador, todos amigos entrañables y sin conocerse entre sí, me repitan una a una cada palabra que usa el loquero. 

En mi última sesión, Delfos y yo hicimos un ejercicio de rendición de cuentas a mi corazón. Armamos un informe de resultados a 4 meses de terapia con el estilo más tecnócrata que pudimos encontrar. El legemante me informó, contundentemente, que he encontrado un rumbo; que he logrado cuidar de mí a pesar de haberme abandonado, y que he vivido aunque pensé que no habría vida sin él. 

Me parece muy extraño lo que dijo e incluso me reí por incredulidad. Si soy sincero, me entiendo ciego, sordo y, por voluntad, mudo ante todas esas "prominentes hazañas" que me dicen que he alcanzado. Mi dolor, mi frustración y mi soledad no me permiten aceptar que el risco sigue en pie después de una tormentilla más, que este herido jabalí está listo para cazar de nuevo y que este hombre de cristal es más fuerte que un desamor sodomita. 

Sé que si el río suena, es porque agua lleva. Sin peros, voy a dar crédito a esta narrativa que me rodea. En el fondo lo sé: (me) tengo fe. Si no la tuviera, entonces hubiera abandonado la terapia; lloraría más de lo que lo hago, y no sería el gordo homosexual que habita en el apartamento con la mejor vista del sur de la Chilangolandia.

Dejaré que el río siga su curso. Es posible que en el siguiente puerto las risas estén al orden del día y los abrazos no tengan peajes ni cobros ocultos.  

Sigamos con el día laboral y confiemos en las palabras de Conchita Wurst, la reina barbuda de Austria, cuando dice que "you will have another grand romance. Like it's do or die. Never giving in. Always let your heart win [...] Sometimes it's just gonna hurt (yeah), but you gonna live and learn (yeah). You're stronger than you believe you are... you are unstoppable!"

Alejandro

jueves, 4 de agosto de 2022

Voy a seguir...

 Cómplice:

¿Qué dice la vida con una inflación tan agresiva como los perros de la azotea de enfrente? ¿Ya empezaste a comprar vino de caja para ahogar las penas o todavía te alcanza para el vodka azul? La vida adulta cuesto más de lo que uno podría pensar (monetaria y emocionalmente). 

Después de 3 meses en la equina de Eje 8 y Moras me he dado cuenta que la vida, a veces, si puede seguir después de una gran pérdida; que las risas también se practican para cuando uno necesita descoserse por algo gracioso, y que la pista vuelve abrir para una noche más de baile sensual. 

Los días oscuros, apesadumbrados y sin mucha dirección han sido más de los que puedo recordar. Puedo afirmar que dominan mi humor. Sin embargo, los días buenos, como el de hoy, en el que la alarma funciona, el internet corre y mis emociones son mis motor (y no mi obstáculo) son un sano alimento para mi alma en convalecencia. 

Tengo claro que las cosas seguirán siendo difíciles y que me enfrentaré a mil y un retos ahora que soy el jabalí solitario de la Del Valle. Pero, confío en que una buena taza de té, un interesante libro y dos capsulas diarias de fluoxetina generen suficiente energía cinética que mantengan gozando esta hermosa vida que me estoy esforzando en construir. 

Camarada, me voy a seguir... caminando, cantando y cosiendo. Espero que el dolor no me alcance y que el viento del otoño me lleve a un lugar que valga la pena descubrir. 

Así que "if I can't understand it, I'll find another way. I could live with it; I could live with it. Moving, keep moving."

Alx

miércoles, 20 de julio de 2022

Re-contagio del virus

 Cómplice: 

¿Cómo va tu día? ¿Qué tal la quinta ola del COVID? ¿Eres de esos pocos casos que sólo tiene gripe y tos por la lluvia? ¿Las pruebas de COVID y VIH siguen en negativo? Espero que sí.

Te tengo que confesar que hace unos días contesté el teléfono, le contesté a él. No debí hacerlo y aún más no debí salir de mi cama para irlo a cuidar. 

Tampoco debí haber pasado unos días con él en su casa viendo las ruinas de nuestra relación, el desorden de sus cosas y de su mente, y el poco autoestima que se tiene al no poder levantarse a cuidar de él y de sus pertenencias. 

Después de haber pasado ese tiempo con él, de haberlo procurado y de haberlo consentido por petición expresa, pero también por deseo mío, tengo que volverme a pedir perdón. Me tengo que pedir perdón porque no entiendo que él dio un paso en otra dirección (y que a mi juicio fue para retroceder) y porque no entiendo que tengo que aprender a seguir sin él, a seguir solo y a seguir mi propio camino. 

Voy a citar a su propia familia y voy a aceptar que él es un virus que lastima, hiere y sólo ve por sí mismo. No tengo otra tarea que volver a comenzar, que agradecer que la estocada no fue tan profunda y que reconocer que soy masoquista hecho y derecho. 

Volví a convivir con ese virus, aunque ahora ya tengo algunos glóbulos blancos que le ponen freno a sus estragos en mi cuerpo y en mi mente. Ya no caeré en cama sufriendo por el contagio de sus malas decisiones, caprichos y berrinches, le podré dar la vuelta al descarrilo que tanto le gusta y, al cabo de unos días, regresaré a mi incipiente vida en la torre de la esquina de Eje 8 y Moras. 

No voy a tener culpa de mi re-contagio del virus. Cualquiera se puede re-infectar si no se cuida lo suficiente, si no atiende instrucciones y si no anticipa. 

Ahora bien, me quiero prometer que no voy a ser irresponsable con mi cuerpo, mi alma y mi mente para los nuevos tiempos. Tengo que estar bien porque aún espero que pueda volver a sonreír, amar y soñar sin ataques de ansiedad, días de soledad y celos plantados.

Es momento de continuar construyendo una alternativa de país mientras acepto con ironía que "It's  getting late to give you up. I took a sip from my devil's cup. Slowly , it's taking over me." 

Alejandro

viernes, 1 de julio de 2022

Mi castillo lo compró alguien más

Cómplice: 

¿Qué dice la resaca posterior a la marcha del orgullo? ¿De qué te arrepientes? ¿De beber hasta casi tener una intoxicación hepática o de no haber besado a ese gordo norteño que te dio entrada en el Salón de los Osos? Tendremos otro año para que esta fiesta tenga un buen sabor de boca. No te apures ni te acongojes. 

Quiero contarte que mi trabajo se ha tornado interesante. Hay más cosas qué hacer y más temas en los que mi voz parece resonar. Sin embargo, hay puertas que no puedo cruzar porque no tengo la llave de la confianza. Ésta es una de las muchas desventajas del giro al que me dedicó. 

Una consecuencia positiva de las puertas cerradas es que cuando las reuniones inician tengo tengo tiempo libre para recorrer la ciudad. Un tiempo precioso que desperdicio caminando sin rumbo, llorando por él y extrañándolo sólo a él. 

La última caminata asociada a mi tiempo libre, accidentalmente, me llevó a Pitágoras 955, una casa en el corazón de la Del Valle. La casa que un día, cuando tenía el letrero verde de "EN VENTA", soñé que sería mi hogar y que hoy tiene nuevos habitantes. 

Desde la acera pude ver como los nuevos dueños habían decorado su hogar. Cortinas a juego, paredes sobrias que abrazaban cuadros y fotografías delicadamente colocadas lucían por la estancia y lo que parece que es la sala. También se alcancé a ver la escalera decorada con flores frescas y por la luz de sol que daba indicaciones hacia las habitaciones. 

Frente a esa casa no puede hacer otra cosa que quebrarme. Mis infantiles esperanzas de usar mi credito INFONAVIT para financiar mi promesa de darnos un hogar se las llevo las primeras gotas de lluvia que caían en esta tarde de finales de junio. 

Una vez más me enfrente ante el fracaso de mi relación y hasta parecía apropiado que la casa que hace un año era la meta de dos gordos enamorados hoy tuviera nuevos (e, incluso, mejores) dueños. Bajo el cubrebocas habían gemidos de dolor por el proyecto de vida que hoy está en ruinas. 

Intentando que las lágrimas no siguieran desbordándose como la lluvia que también recorría mi cara, cerré los ojos y entonces lo vi todo otra vez. Me vi hace un año parado frente a esta misma construcción y con mucha emoción me imaginaba el color de las paredes, los muebles de la cocina, el diseño de una escalera que fungiera como biblioteca y la recamara que sería nuestro lecho de amor. En esa ocasión especulé con todas las cosas que hubiera tenido que rehacer para compaginar una casa de mediados de siglo con un hogar moderno para gordos exitosos. 

El dolor se comenzó a alimentar de la fantasía que tuve hace más de un año frente a esta casa. El dolor, como mi propio dementor, se atragantaba del escenario en el cual yo bajaría la escalera para ir a la cocina a preparar un desayuno americano, para alistar un par de tazas de viaje y para pedirle a Alexa que pusiera las noticas en la pantalla de la cocina. 

El dolor, mi actual compañero, consumió sin masticar la hipotética situación donde mi gordo contento pero apurado preguntaría donde estaba su puntero laser y si aún había pastel del fin del brunch del domingo. El dolor, esa sombra escuálida, se nutrió de la neurosis ficticia que tendría por esperar junto al pequeño carro compacto a mi gordo y de la impaciencia que sentiría por ser como el conejo blanco que revisaba su reloj cada 17 segundos.  

Saciando al dolor, este montaje terminaría con un "¡Porcosito, corre que ya es tarde y no llego a mi junta con los gobernadores. Por favor apúrate!"

Pasaron unos minutos hasta que esta crisis terminó. Por fin pude abrir los ojos. 

No me di cuenta cuando las lágrimas sólo fueron gotas de lluvia. Entonces tuve que aceptarlo: mi castillo lo compró alguien más; mi sueño ya no existe; mi vida es otra.

Mi instinto de supervivencia se hizo presente. Entonces, le di la espalda a la casa y me cobije bajo las hojas de un árbol que estaba a unos pasos. Me puse mis audífonos y reproduje en mi teléfono a la argentina más amada por los homosexuales, Doña Amanda.

Inicié mi caminata a casa sabiendo que "...pague tan caro mi estupidez que no quiero atreverme a soñar. No quiero más castillos en el aire; ni reyes que lastiman sin piedad..."

Alejandro